Érase una vez en un país muy, muy lejano un rey que era demasiado polémico por sus acciones “terriblemente crueles”.
Tomaba a los prisioneros de guerra y los llevaba hacia una enorme sala. Los prisioneros eran colocados en grandes hileras en el centro de la sala y el rey gritaba diciéndoles:
-Les voy a dar una oportunidad, miren el rincón del lado derecho de la sala.
Al hacer esto, los prisioneros veían a algunos soldados armados con arcos, flechas y todo tipo de armas de tortura, listos para cualquier acción.









